
Ediciones Izote y el
Heliograbado en México
Desde la popularización de la fotografía como práctica cultural a finales del siglo XIX, ha existido una larga trayectoria de ediciones de alta calidad relacionada con México. Ya sea que contemplemos las vistas mayas de Désiré Chamay, los paisajes de Hugo Brehme, las clásicas imágenes de Paul Strand o las recientes colaboraciones de Francisco Toledo y Graciela Iturbide con talleres norteamericanos y europeos, podemos encontrar un constante interés por la impresión fina y permanente de las imágenes. El portafolio de heliograbados sobre México elaborado por Paul Strand es, quizás, no sólo uno de los más renombrados ejemplos, sino que su calidad no ha podido superarse. No obstante, hoy día, pese a los enormes cambios tecnológicos y estéticos, las imágenes, son cada vez más ubicuas por su cotidianidad y proliferación. Si a esto aunamos la revolución digital, encontramos que el significado de muchas de estas imágenes se convierte más en un sound bite o email y, cuando se imprimen (si es que acaso las imprimen), estas imágenes son cada día más iguales una a la otra, por su manera estándar de producción con equipos, tintas, y papeles transnacionales. Es en este contexto que Ediciones Izote: Taller de Gráfica y Heliograbado propone el rescate y difusión de la técnica del heliograbado en el mundo artístico de México moderno.
Es necesario señalar que se habla de rescate--pues el proceso del heliograbado en cobre remonta a los inicios de la fotografía, cuando las imágenes impresas con sales de plata aún no eran muy estables ni permanentes. Por esta razón, los pioneros de la fotografía como William Henry Fox Talbot, buscaron por medio del grabado una alternativa más durable a las efímeras impresiones en plata. A lo largo de varias décadas se fue mejorando la técnica hasta perfeccionar lo que conocemos como heliograbado en cobre: un proceso de reproducción único en la historia fotográfica hasta hoy día.
El gran fotógrafo modernista norteamericano Alfred Stieglitz solía decir que las reproduccio¬nes—en heliograbado—que se hacían en su revista Camera Work,(1903-1917) no eran reproduccio¬nes sino múltiples originales. Es precisamente la sutil distinción en la calidad técnica de este proceso de im¬presión lo que lo diferencia de otros procesos y donde quizás reside el atractivo estético del que actualmente gozan los llamados procesos alternos donde se ubica al heliograbado. Lo que le da la calidad de “original” a una estampa en helio¬grabado sobre una reproducción litográfica, o de offset, o incluso digital, es el carácter binario de estos últimos tres procesos: o sea se imprimen o no se imprimen, pues no hay medios tonos. Un heliograbado se graba continuamente en el ácido mientras se forma la imagen. Con una litografía, un offset, ó una imagen digital, hablamos siempre de la resolu¬ción o nitidez de la trama que contiene la imagen: se traducen los medios tonos de una fotografía a una serie de puntos tramados. Además de la distinción binaria en que se forman las imágenes, merece mencionarse que la estampa de un grabado deja la imagen literalmente impresa dentro del papel, con un minucioso relieve de tonos y de la marca de la plancha. Todos estos detalles hacen verdaderamente únicas las copias del heliogra¬bado.
La producción de un heliograbado en cobre se puede dividir en cuatro fases: Elaboración de positivos ampliados, insolar y grabar las planchas, hacer pruebas de impresión (y color) de las planchas hasta llegar a un bon à tirer (B.A.T.—“bueno para tirar” en español), y finalmente realizar el tiraje de la edición. La primera fase consiste en ampliar análogamente el negativo original sobre película del tamaño final del grabado. Este positivo se emplea en la segunda fase como la matriz para insolar la imagen en un relieve de gelatina sobre la plancha, el cual se sumerge en ácido para grabar el cobre. Después, en la tercera fase, se muele y condiciona la tinta hasta obtener las características de tono y color deseadas, escogiendo a la vez el papel que se usará en la edición. Una vez decididos y de acuerdo con la calidad de las estampas que el taller obtiene para el artista, se firma una impresión como un B.A.T., la cual se respetará como guía para igualar la edición. La última fase consiste en completar el tiraje de acuerdo al B.A.T. ya establecido.
El conocimiento y práctica de Ediciones Izote tiene como fundamento los más de 25 años de experiencia que tiene su maestro impresor y grabador Byron Brauchli. El maestro Brauchli ha trabajado con artistas de renombre como Robert Rauschenberg, Kate Breakey, Lee Smith, William Wittliff, Leticia Tarragó, y José Lazcarro, entre otros. Además tiene una trayectoria reconocida en la formación de recursos humanos. Ha impartido clases y talleres en instituciones como El Centro de la Imagen, El Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo de Oaxaca, La Fototeca de Veracruz, La Casa de la Cultura de Tijuana, El Corredor fronterizo en Sonora y La Universidad Veracruzana. Ediciones Izote, asociación civil sin fines lucrativos, está integrada por el maestro Brauchli junto con dos socios, Guillermo Espinoza, artista plástico y Leticia Mora investigadora y crítica de arte. Tiene como propósito constitutivo el rescate de técnicas fotográficas y de grabado a través de la impresión de portafolios de artistas y talleres. Asimismo contempla la elaboración de tintas molidas a mano y de manera artesanal con el propósito de fabricarlas localmente y evitar su importación. Y, por último, contempla llevar a cabo exposiciones que ayuden a rescatar, conservar y trasmitir la práctica de la fotografía alterna.